sábado, 21 de octubre de 2017

ARDE GALICIA


Como estamos viendo en clase, para que se produzca un fuego es necesario materia combustible, oxígeno y calor, de manera que para apagar un in­cendio hay que separar alguno de estos tres elementos. De hecho, la sequedad debida al calor del verano y a la ausencia de lluvias fa­vorece los incendios. Además, el viento aviva el fuego, sin él es circular y, con viento, hace una lengua que avanza y escala rápidamente las la­deras de las montañas creándose el efecto chi­menea. 

Se habla de la regla del 30: cuando la temperatura es superior a 30ºC , la humedad relativa inferior al 30% y el viento sopla a más de 30 km/h las condiciones ambientales son idóneas para que el fuego aparezca y se reavive. Son los días 30-30-30.

Los incendios no afectan por igual a los di­versos tipos de vegetación. El bosque húmedo caducifolio ofrece mucho combustible, pero es húmedo y su aireación es mala porque es un bosque denso. En cambio, la vegetación de la zona mediterránea (con matorrales, bosques claros y abundante pino)  se debería ver mucho más afectada por los incendios, porque los bosques están bien ai­reados, hay poca humedad y se registran altas temperaturas. 

Otros aspectos a tener en cuenta como causantes de los incendios son: el cambio climático, el aumento de zonas boscosas como consecuencia del abandono de las explotaciones agrarias no rentables, el incremento de segundas residencias en lugares boscosos por la mejora de la movilidad gracias al automóvil, la gestión forestal equivocada plantando especies de crecimiento rápido, como el pino y el eucalipto, con mayor rentabilidad económica (para hacer pasta de papel) y los incendios intencionados (representan el 84% en Galicia, en el porcentaje se incluyen las negligencias por la quema de maleza u otras prácticas campesinas y la acción de los pirómanos (sólo el 7%).

Esta clase de in­cendios, los provocados, vienen motivados por distintas razo­nes. Unos se explican por el hecho de no permitir el paso del ganado por zonas repo­bladas sin ofrecer otras alternativas a los pastores que tradicionalmente las venían usando como pastos. Otras veces responden a intereses de especulación urbanística (aunque la Ley de Montes prohíbe urbanizar zonas quemadas hasta pasados 30 años) o bien de aquellos que desean cortar más ma­dera de la permitida o bien quieren obtener­la a bajo precio. Otro motivo preocupante es la acción de los pirómanos, personas en­fermas cuya obsesión es la de encender fue­gos y producir incendios (la reforma del Código Penal de 2015 endureció las penas, los causantes de incendios pueden enfrentarse a penas de entre 10 a 20 años de prisión).  Galicia en líder absoluto en España con unos doscientos detenidos cada año.
Ahora bien,  ¿a cuántas personas se condenan? A día de hoy, hay solo ocho personas encarceladas por provocar incendios forestales según datos de Instituciones Penitenciarias. La causa: la dificultad de encontrar pruebas que incrimenen a los acusados.

Los incendios forestales son frecuentes en todos los países mediterráneos de la Unión Europea, pero esta semana ha sido nefasta especialmente para Portugal y España. 
El martes, 17 de octubre,  dimitió de ministra de Interior de Portugal. El domingo anterior, un récord de incendios en un sólo día, 523, había matado a 41 personas y había dejado a más de 60 heridos. Ésto ha ocurrido cuatro meses después del incendio de  Pedrogão Grande, que dejó 64 muertos.
En fín, las cifras en estos meses son abrumadoras: 100 muertos y más de 215 mil hectáreas ardidas, a los que hay que sumar las pérdidas materiales.

En España la peor parte se la ha llevado Galicia. Esta semana han muerto 4 personas por los incendios que han devorado más de 4.000 hectáreas en 48 horas.
11.000 hectáreas en lo que va de año, un 40% de todo lo que se ha quemado en España, y eso que Galicia apenas ocupa el 6% del total del suelo del estado. Para hacernos una idea, desde 1991 en Galicia ha ardido una superficie equivalente a la provincia de Ourense. O dicho de otro modo: una cuarta parte de Galicia reducida a cenizas. 

¿Qué tiene Galicia? ¿Por qué arde? Tanto fuego...tanto incendio...tiene que haber más explicaciones que las dadas más arriba.

Cuatro factores son clave en la respuesta:

1. Una superficie forestal sin parangón en España (70% de su superficie es monte o bosque).

2. Propiedad privada de esta superficie en forma de minifundios laberínticos. En Galicia el territorio forestal es muy productivo ya que el 96% del mismo es de particulares, dividido en muchísimos minifundios. Es muy difícil controlar un millón y medio de hectáreas divididas hasta el infinito entre propietarios privados.

Existen cientos de casos de incendios debidos a ajustes de cuentas entre vecinos, venganzas y hasta intenciones de descubrir las lindes de las propiedades.

Otras veces se trata de  las quemas de rastrojo. Los aldeanos, ya mayores, no tienen ganas de desbrozar. Solución: la que siempre se ha utilizado en Galicia: el fuego. Y de la mano de la limpieza de terrenos va la búsqueda de beneficio económico rápido con la regeneración de cultivos (por ejemplo plantando eucaliptos, que en 15 años se han hecho grandes) y pastos (quema de rastrojo para regenerar el suelo).  

3.Abandono de estas propiedades por el éxodo de las nuevas generaciones hacia zonas urbanas
En Galicia el poblamiento es disperso, hay treinta mil núcleos de población según datos de la Xunta, lo que supone el 50% de todos los que hay en España. La mayor parte de estos diseminados núcleos de población padece el abandono de las nuevas generaciones.

En Galicia, como en otros tantos sitios, la juventud huye del medio rural para instalarse en las zonas urbanas. Unas dos mil aldeas gallegas están desiertas y otras tantas tienen entre dos y tres vecinos.
Esto ha desembocado en un abandono completo o muy elevado de los terrenos forestales. Hectáreas forestales privadas llenas de maleza, arbustos...a cambio del antiguo sistema de mosaico que alternaba bosques, cultivo y ganado...que se cuidaba entre sí y envolvía los núcleos de población haciendo de cortafuegos. 

Hoy en día, cualquier casa en zona rural debe tener limpios cincuenta metros de su perímetro. Incumplir ésto supone graves multas. Pero se incumple constantemente. Por lo que los incendios se acercan a las viviendas, sobre todo las más descuidadas y deshabitadas durante gran parte del año.


4. Cultura del fuego como herramienta tradicional gallega. Eso también existe en Galicia.
El fuego como elemento básico de la cultura, purificador, cotidiano y necesario. Tierra donde el aguardiente arde hasta convertirse e queimada. 

¿Qué soluciones podemos plantear?: ordenar el monte, llevar a cabo una política de ordenación territorial. Expropiar y convertir el monte en bien público, de interés general. O hacer cooperativas que cuiden el monte o multipropiedades. Es el caso del norte de Galicia, en la Mariña de Lugo, donde apenas hay incendios.
Pero... ¿qué partido político está dispuesto a asumir el coste electoral que eso supone? Es más cómodo reducir el problema a una cuestión de delincuencia, lo  han bautizado como  "yijadismo incendiario", o al trinomio "madera-urbanismo-economía del fuego", y plantear soluciones a corto plazo, electoralistas, que son las que se están llevando a cabo.

Sensibilizar a los jóvenes, educar, concienciar en formación medioambiental en escuelas. A los jóvenes  y al conjunto de la población.

Por último, crear una conciencia colectiva de que es mejor prevenir que apagar.

Mientras tanto se queman los montes, se pierde el suelo, avanza el  desierto...

Nos vemos en clase,
Victoria

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